Robotín

El buen samaritano

Así retoces sobre la ventura

o le hagas el amor a tu confianza,

el buen samaritano siempre alcanza

a darle a tu alborozo alguna cura.

 

Que tu entusiasmo sufre calentura,

dirá, por arrastrarte a su mudanza,

sembrando en tu jardín la desconfianza

hasta trocar el brillo en noche oscura.

 

Y cuando, ya rendido al desaliento,

tus ánimos se rompan en retales,

te mostrará, piadoso, su receta.

 

Entonces alzará su tratamiento

para enmendar de nuevo los pedales

que él mismo escacharró en tu bicicleta.