Hay emociones que no saben vivir encerradas en el pecho, que necesitan convertirse en tinta, respirar entre metáforas, dejar de ser tormenta para convertirse en verso libre, tan libre como se quiera expresar.
Y entonces lo difícil pesa menos, y la alegría aprende a quedarse un poco más.
Por eso a veces pienso que quizá no podría saber quién soy, sin atreverme a escribir, porque en cada letra dejo algo de mí, porque esa acción por sí sola, me hace sentir distinto, y porque entiendo que tal vez no estoy hecho solo de recuerdos, ni de sueños, ni de tiempo.
Tal vez estoy hecho, también, de todas las palabras que me han salvado.
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Rafael Blanco López
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