No fueron para mí,
pero llegaron como saetas
a mi corazón.
Entraron como torrentes por mis venas
alojándose en mis adentros
con los sabores de la miel.
Y desperté
con el sabor de tu rima
entre mis labios.
¡Pero, ay, ay de mí!
¡Qué tarde supe,
que no fueron para mí tus versos!
Lo vi en tus ojos
cuando mi voluntad
cautiva era ya de tu palabra.
Se fue la noche
entre gritos de truenos
y un río de salmuera
se desbordó en mi garganta,
Un adiós de tus labios prendió la mecha
de mi locura… y, nunca, nunca sabrás
por el camino que yerro.
¡Qué tarde supe,
que no fueron para mí tus versos!