Hubo una llamada que nunca llegó
un “te quiero” que nunca se oyó,
un “adiós” que no vi venir,
ni presentí la caída de este amor fallecer.
Yo creé con mis manos fuego ardiente
con dulzura transformé suspiros
y se volvieron dagas nunca metidas.
Esquivé tus negativas, me mantuve
pues jamás me dejé llevar a la deriva.
Así fue este amor, solo yo lo sentía
pero te dejo ir con el honor
de haber vencido esta partida.
No todos los caminos llevan a Roma,
eso es una verdad más que bendita.
Y yo no llegué a ti, es verdad, eso no es mentira.