Busco a la suma de todos los colores, al loco que construye universos, admirando la belleza cuántica y la simpleza; te tomaré a ti, símbolo de pureza, blanco, delicioso, clásico aroma de los turcos y esfera de arquitectos con la altura naciente de hermosa miniatura.
Me saluda el verde, azul y rojo. Pero hoy es el sol quien me inspira; mis manos ansiosas buscan crear, tomando velas y destellos, piedras tejidas en coral y un mármol teñido de flores.
Tus hilos abrazan mis dedos y una aguja convertida en mi brújula, me muestra el camino de una danza ligera: dos vueltas a la derecha y una a la izquierda, una puntada de regreso para sellar el destino de un caracol que busca la conexión sincera; pliego un nudo certero que se ajusta a su ritmo oportuno, vuelvo a las dos vueltas a la derecha y ahora dos a la izquierda, para formar un punto unido con fuerza.
La imprenta aún no ha dibujado su historia; veo en mis manos un cordón que gira y gira escribiendo entre mis manos su propio lenguaje, ese bien que atesoras en tus tardes bohemias. Observo con ciencia una belleza nacida de buenos días, dando amor a la estructura, paciencia, a la forma y sentido al detalle.
¡Qué emoción! He terminado mi pulsera.
De conchas, botones y brillos, para que se confunda con mis linos, adornando mi primavera mientras sonríe conmigo, mi pequeña obra descansa entre mis manos, como un poema de domingo.