El oscuro

Mi realidad

Esta fotografía es el pacto silencioso entre mi sombra y el mundo.

En ella habita la sonrisa que aprendí a fabricar para tranquilizar miradas ajenas, la máscara impecable que oculta el eco de mis ruinas. Nadie sospecha que detrás de esos ojos existe un reino de tormentas donde los relámpagos nunca descansan.

Camino entre la multitud vestido de aparente calma, llevando sobre los hombros el peso de mis propios fantasmas. Saludo, río y continúo avanzando mientras mis demonios susurran su nombre en los rincones más oscuros de mi alma.

Pero cuando la noche reclama lo que le pertenece y las puertas de mi habitación se cierran, el personaje desaparece. Entonces las sombras salen de su escondite y la verdad florece entre las grietas de mi silencio.

Allí, entre cuatro paredes que conocen secretos que jamás serán pronunciados, permito que mi fragilidad respire. Allí puedo derrumbarme sin testigos, llorar sin ojos que juzguen y gritar tan fuerte que el silencio se convierta en un abismo.

Hay noches en las que siento que estoy hecho de cenizas y recuerdos; noches en las que mis heridas brillan como constelaciones malditas sobre un cielo sin luna.

Sin embargo, al amanecer, recojo cada fragmento de mí esparcido sobre la oscuridad, vuelvo a colocarme la máscara y salgo al encuentro del mundo, guardando el misterio de mis cicatrices en el mismo lugar donde nacen los monstruos y mueren las lágrimas: en las profundidades de mi alma.