La inmensidad
La inmensidad se tornó fría
y cayó la luz,
haciéndose presente la oscuridad.
Fui caminando lentamente,
tropezando sin parar.
Sentí mis pasos tan pesados
que se hizo más lento mi andar.
¡Imposible caminar!
¡Pero no claudiqué!
Y mis gritos se empezaron a emitir.
Mis oídos escucharon a mi yo interno.
Mi corazón empezó a latir,
ya que creí que había detenido su marcha.
Supe ahí que empezaba un día nuevo,
el cual atrapé tan fuertemente.
¡Y no desistí!
La lucha fue dura.
Mis sentidos se entorpecieron.
Fui camino abajo... pero no lo permití.
Empecé a luchar con la adversidad,
la cual me dio una tregua.
Y empecé a escalar tan rápido
que mis fuerzas se agotaron,
hasta que en el túnel oscuro apareció la luz.
¡Y aquí estoy! Recuperándome.
Las manos se agolparon en mí.
Ahí supe que no estoy solo.
¡La luz volvió a mí!
Lucharé... y la lucha será fiera.
Y no claudicaré.
Se abrieron las puertas.
Respiré hondamente.
Ahí comprendí que mi cielo se nubló,
pero la inmensidad se hizo luz.
Y volví... ¡y volví a nacer!
Autora: Lilia Molina Fernández
Derechos reservados de autor
Delicias, Chihuahua, México
Fecha: 29/Abril/2019