Aunque el tiempo borre las huellas
y las memorias se diluyan en el viento,
mi amor por ti no se desvanece,
es un fuego eterno que arde en cada latido.
Pasarán los años,
las risas lejanas,
los días dormidos
y los sueños fugaces,
pero en mi pecho tu nombre vive,
susurrado ecos que nunca mueren.
Mis manos te recordarán,
aunque no vuelvan a rozar las tuyas,
suspiros sin pausa,
murmullos del alma,
tejidos en la sombra de un recuerdo eterno.
No importa el olvido ni las sombras,
este amor es un lazo que no se rompe,
más allá de la vida,
más allá del tiempo,
una llama que resiste,
indómita y constante.