No quiero mirar tu rostro,
quiero por fin ser la noche,
ser la luna, un reflejo, algo etéreo.
Déjame disolverme siempre,
disolverme siempre.
Porque no pertenecí al mundo,
porque no fui, nunca fui.
Déjame volar
corriendo en los campos.
Déjame probar el fango,
ser tierra, rayo, tambor y fuerza,
fundirme con la tormenta.
Regresar para cantarte los versos
que en mi pecho arden,
queman, como un fuego
que aun el Gehena
teme en su faena.