ROGER MEDINA GUERRA

LIRICA MUJER

Lírica mujer,

crepúsculo marino de brumas cálidas;

eres luna invernal de pinceladas grises

que enciende su misterio sobre la noche.

Sombreas tu boca —hierbabuena y limón—

con lentejuelas rojas, lirios frescos

y vinos encendidos que palpitan en tu piel.

Tu boca, fantasma salobre de mar,

tiembla entre chispas de soles y lunas,

despertando un hálito secreto de fuego y deseo.

Tus labios, hondos y ávidos,

susurran silencios que estremecen;

tejen trampas suaves para los amantes fugaces

que caen rendidos en tus mareas.

El amante apacible,

como ola que vuelve a su origen,

se inclina ante la claridad que brota de ti:

una luz perdurable,

fina llama que arde sin estruendo,

nombre secreto que resplandece

aunque nadie lo pronuncie.

Y entonces, deslumbrado,

no anuncia su entrega:

se disuelve. Vuelve convertido en rumor de brisa,

en eco mínimo que vibra en el aire,

dejando tras de sí la música tenue

de tu amor que no cesa de alumbrar.