Miré en tus ojos
que tu amor jamás sería para mí,
y entendí que ese cariño
nunca llevaría mi nombre.
Aunque te espere una vida entera,
seguirás caminando junto a otro destino,
mientras yo apenas cruzo tu historia
como una visitante que nadie recuerda.
¿Qué más podría pedir,
si no puedo sostener tus manos,
ni robar un instante de tus labios,
ni habitar el rincón de tu corazón?
Déjame romperme en silencio,
porque ya no sé cómo seguir siendo yo
cuando todo lo que anhelo
siempre pertenece a alguien más.
Seré la visitante de tu amor,
la que llegó demasiado tarde,
la que observó desde la puerta
cómo sus sueños encontraban otro hogar.
Y antes de desaparecer,
concédeme una última mirada.
Déjame llevarme el reflejo de tus ojos,
para marcharme con algo de ti
antes de que nuestro querer
se desvanezca como el eco de un recuerdo.