lucio_

Condescendencia

Noche de estío calmada

voces en silencio llegan

y, aunque queriendo evitarlas,

en la psique mïa penetran

corroyendo mis razones

bien vilipendiando a aquellas.

Son tres, que acceden y salen,

mostrándome varias sendas

esperando a que escoja una

pues por mor de Citerea,

al haber sido ultrajada

por mí por despecho y pena,

una similar en Cipris

nace y en su orilla se queda,

mas lo ál no del todo importa:

las vïas a Chipre se acercan

pese aun a sus distinciones.

Complejo, Culpa y Afrenta

se miran y bien se burlan,

me circundan y contemplan

los seres con anoftalmia,

de alma lúgubre y nigérrima

y garras muy bien pulidas

levitantes si se menean.

Mas con todo me detengo

inhalando y oigo a las reas

que me inducen a un tal sueño

que recrimina y atormenta

mas al escuchar a fondo

las injurias en mí suenan:

es ella de nuevo, aún sigue.

La impreco mientras me acecha,

me despierto y a los espíritus

combato con gran crudeza

y atravesándome marchan

ensordeciendo al que observa,

conque el padre dios procede:

Hypnos de mí se apodera.

Tórrido Sol me mitiga,

me absorben las olas frescas

y la arena de mí es que huye.

Paralizado y con quejas

en el ponto acabo estando

encima de una gran piedra

—no quiero pensarlo mas sí es—:

la Petra tou Romiou… mierda.