Extrañarlo me conduce a releerlo,
y en esa magnífica tarea cumplo
una regla que también fue la suya:
no resignarse a una única lectura.
Recorrer los prolíficos escritos,
umbral de antiguos pensamientos
que habitaron confines y desiertos
y aún invitan al lector al laberinto.
De Coleridge observó la rosa.
No se agota en la vigilia ni en el sueño.
Sin embargo, vuelve prodigiosa,
más poderosa, bajo la forma del recuerdo
Poco a poco se despliegan, en capas,
las sutiles enseñanzas de un maestro
que supo transmitir, sin insistir, que en
cada época aparece aquel que viene
a traer una forma de crear el universo.
He olvidado el nombre.
No sus textos.
M. Ferretti Gaich
#seguidores