Luis Barreda Morán

Cómo Amar al Invisible?

¿Cómo Amar al Invisible?

Dice el hombre con fervor:
—Yo amo a Dios con el alma y el corazón—,
mas pasa de largo, sin compasión,
ante el hermano que implora amor.

Levanta sus ojos al cielo azul,
pronuncia plegarias con devoción,
pero niega abrigo, pan y atención
al pobre que tiembla bajo el abedul.

¿Cómo amar al Dios eterno,
al Padre santo, sublime y fiel,
si el prójimo vive su cruel invierno
y no le comparte ni un poco de miel?

¿Cómo besar la mano divina
que nunca sus ojos pudieron mirar,
si desprecia al niño que en una esquina
con hambre y frío suele esperar?

No es el amor una bella palabra,
ni un canto vacío que el viento llevó;
es llama que sirve, es puerta que se abra,
es pan compartido, es agua y calor.

Dios no habita solo en las alturas,
ni vive encerrado tras nubes de luz;
camina entre humanas desventuras
cargando en los hombros la misma cruz.

Está en el anciano de paso cansado,
en la viuda triste que llora su ayer,
en el rostro humilde y abandonado
que espera una mano para renacer.

Mentira es decir: —A Dios adoro—,
si el odio florece donde debe haber paz;
si guardo egoísta mi falso tesoro
y al necesitado le doy la espalda además.

Porque el amor que al cielo se eleva
debe en la tierra primero nacer;
como río puro que todo lo lleva,
debe en los hermanos crecer y correr.

Quien ama al hermano descubre a Dios,
aunque no contemple su inmenso esplendor;
pues ve en cada vida, en cada voz,
un reflejo vivo de su Creador.

Y el día final, cuando el velo caiga
y brille la aurora de la eternidad,
no valdrá la lengua que mucho diga,
sino la obra hecha con sinceridad.

Entonces dirá el Señor de la gloria:
—Ven, porque en el pobre me supiste hallar;
escribiste amor en la humana historia,
y amando a tu hermano me llegaste a amar—.

Por eso que nunca tu fe sea apariencia,
ni eco vacío de una religión;
que sea ternura, justicia y clemencia,
latido de cielo en tu corazón.

Porque quien al prójimo abraza y perdona,
aunque no pronuncie una larga oración,
lleva ya en su corazón la luz que corona
al verdadero amor de Dios.

—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA 
Noviembre, 2022.