Llevo tanto desandando este camino
que extraviado me he quedado entre sus huellas,
convencido que este gris es mi destino,
perdí el rumbo persiguiendo mil estrellas.
Voy vestido con las marcas de la noche,
que me cuentan en sus trazos dónde voy;
los excesos que me llenan de reproches
y disfrazan de verdad lo que no soy.
Llevo tanto sumergido en este juego,
que sus sombras se volvieron mi guarida;
un silencio que me envuelve en su sosiego,
falsa calma que me roba hasta la vida.
Y comprendo que soy agua de otros mares,
que esta historia que escribí fue cobardía;
si el ocaso llena el pecho de pesares,
en penumbras no florece el alma mía.
Ya no busco disolverme en la tormenta,
ni perderme en las mareas del olvido;
pues casi me venció la mar violenta,
y aún navego a amaneceres no vividos.