El escudo de un corazón roto hace mucho tiempo. El refugio de un alma inestable, algo crédula y volátil al inicio. Un alma prematura, sin conocimiento acabado de su propio valor.
Te descubrí entre la gente como aquel abrazo tierno y cuidador que anhelé sentir toda mí vida. Hiciste mucha falta durante todo este tiempo, pero no lo sabías.
No necesitaste ahondar en mis pensamientos ni escarbar demasiado en mís sentires; solo te presentaste como el escudo que mí completa vulnerabilidad requería.
Admiré, y por siempre lo haré, esa actitud únicamente tuya llena de firmeza, tenacidad y cubierta de dulzura que mi alma resguardó al instante en que mí corazón se acogió detrás del tuyo.