Astilla.
Estatua helenística
inmolada en la epístola de un heraldo mal pago.
Sin más crédito, menguado,
oyes el silbido del pasado.
Gramos de voces en guerra con la insolencia de los muros,
esos que escriben tu nombre boca abajo y pasmado.
¿De quién es el espesor del miedo?
¿Quién te dejó con escozor el corazón
de carne y hueso?
Desde el monte Parnaso,
arrojando tizne brillante al aire de mal agüero.
¿Viviré toda la vida escribiendo furias?
En tus efluvios de luces de enero, me gusta crearte,
y allí, mientras agonizo, amas quererte.
Hecho de ebúrneo, de polvo nocturno;
del monte Parnaso a mi vigente ansiedad.
¿Viviré el resto de mi vida escribiendo distancias?