No late igual, pero late fuerte,
en un ritmo que pocos van a entender.
Su mundo es cielo, calma y luz de norte,
donde cada detalle sabe florecer.
No mira al ojo, mas sí al alma pura,
su lenguaje es gesto, silencio y luz.
Se cae mil veces, pero en cada fractura,
se levanta azul, con más fuerza y cruz.
Acompáñalo azul, sin forzar su esencia,
respeta su tiempo, su forma de ser.
Porque en su pecho hay una gran presencia:
un corazón que solo pide aprender a querer.