Llevo entre mis versos la suave melodía
de luz y tinieblas que cruzan calladas…
Sobre mis mejillas, descansan los días
y bajo mis alas, se cubren las llamas.
Se estremece el tiempo, brota la semilla,
se eleva a la cumbre el ave nocturna.
Podría matarme una turbia sonrisa,
silenciosamente, si el sol no me alumbra.
Un día; ¡son tantos los días que pasan!,
de frente al abismo, conocí el dolor.
No habría creído, ni en la tierna infancia,
que el sol derribara lágrimas de amor.
Se aferra a la greda hierba conmovida.
Un halo distante dibuja en su faz.
Panadero libre vuela en son de vida…
¡Se lleva mi tiempo!. – ¡Vuelve!. (Ya no está).
La roca murmura, y un sueño constante
sumerge su estrella, nace al suspirar…
Pero todo aquello que en el aire nace,
sobre papel blanco se puede grabar.
Sin papel soy fiera carente de garras,
canto sin palabras, rosa sin rocío.
Enséñame, cielo, (tú nada lo callas)
a grabar mis versos sobre los caminos.
Blanco que cobija nueva madrugada,
color que ha bajado desde nube quieta
y se escapa, huye, regresa mañana…
Así es como el hombre abre y cierra grietas…
Ya lo he visto todo. No todo he vivido.
El mar se ha posado sobre mis mejillas.
Blanqueará la luna mi, hoy, joven camino,
y me iré acercando de a poco a la orilla…