Es lindo saber que me pensás a veces,
lo sé por esos momentos mudos
en que parece que te asomás a mi puerta.
No sé si es pura curiosidad
o las ganas de mirar adentro,
pero tampoco sé por qué
de pronto no te animás a tocar,
con esa pequeña valentía
que nos empuja a veces.
Mirá que no tengo rejas
ni cortinas en las ventanas,
acá no hay misterios ni emboscadas.
Aunque no sé si de pronto te asusta
este pasillo franco y expuesto,
que se muestra sin defenderse del cielo.
Por las dudas,
tengo una mesita dispuesta en la tarde,
la puerta abierta de par en par
y un café que empieza a oler bien pasadas las cuatro;
una hora perfecta, se sabe, para esperarte.
Aunque vos y yo sepamos, mi vida,
que en realidad
yo te espero a todas horas.