Se me quedó en la ropa tu contorno.
Lo sacudo y regresa.
La casa es un tumulto de silencio
donde las horas rozan los muebles y se apagan.
Cada rincón guarda un hueso tuyo:
una camisa doblada,
el ruido de una llave
que ya no gira.
La luz no es luz: es una cincha blanca
que me ata las mañanas al cuello.
Recojo los días sueltos,
tu voz dentro del vaso, tus sandalias.
Pero los brazos, al buscar tu cuerpo,
solo encuentran el hueco que dejaste
—y ese hueco respira.
Antonio Portillo Spinola ©️