Escritor con vista triste

Éramos Hogar

Si un día despiertas y ya no sabes cómo sonaba mi risa, ni cómo se sentía mi nombre en tu boca... no pasa nada.

Con que te quede, aunque sea difuso, que hubo alguien que te miró sin medida, como si el mundo empezara y terminara en ti... con eso me basta.

Y si la vida, con su manera tan suya de borrar huellas, decide también arrancarte de mi memoria, entonces que así sea... porque olvidar también es parte de haber sentido.

Pero quiero que quede escrito no en el papel, sino en ese lugar invisible donde viven las verdades que no mueren

que hubo un instante en el tiempo donde tú y yo no fuimos duda, no fuimos intento, no fuimos casi...
Fuimos certeza.

No éramos eternos, pero fuimos reales. Y a veces, eso pesa más que cualquier para siempre.

Porque existir juntos, aunque haya sido breve, es una forma de infinito.

Porque coincidir en este caos de mundos y tiempos no es casualidad... es milagro.

Y en todo lo vivido, entre capítulos que se cierran y nombres que se diluyen,

queda una página intacta, inviolable, donde tú y yo seguimos ahí...
mirándonos sin miedo, sonriendo al mismo tiempo, creyendo, aunque sea por un latido, que éramos hogar.

Y eso... eso no se borra.