No temas por lo que pase.
No temas por tu destino.
Una recompensa aguarda,
si vas hacia lo genuino.
Vendrán consejos solícitos
a salvarte de ti mismo,
pero sólo servirán
para acercarte al abismo.
A vivir se aprende errando,
y no por acierto ajeno,
que nadie te dé esa dicha
que al cabo se hace veneno.
Andando por senda propia,
duele saberse desnudo,
caen los golpes de la vida
sin celada y sin escudo.
Te lo dice quien anduvo
sufriendo de esta manera,
cabalgando por campañas
sin que nadie comprendiera:
yo, que abandoné los libros,
yo, que alcancé mi promesa,
yo, en el lecho al fin Quijano,
fui la espada y la fiereza.