Quisiera decirte...
Te amo,
me gustas,
eres increíble.
¡Uff... qué bella estás!
En fin...
y mucho más.
Y miro el cielo,
y en el cielo
las nubes que vienen y van.
¿Y tú dónde estás?
Contemplo las calles.
Te busco,
te busco...
Y suena una canción.
Una vieja canción de Maná,
de esas que hablan
de imposibles,
de vivir sin aquello
que sostiene la vida.
Te busco
en un susurro del viento.
Y nada.
Nada en el viento.
Tú no estás.
En la noche,
los fantasmas...
Como el viento,
las nubes
y aquella canción,
vienen
y van.
¡He llegado a casa!
El viento.
Las nubes.
La canción.
Los fantasmas.
Y la puerta,
de par en par.
—¡Te amo!—
te digo.
—¡Te amo!...—
me dices,
—creo escuchar—.
Y hasta tus brazos,
corriendo,
corriendo...
Abrazo tu foto
y me pongo a rezar.
¿A dónde te has ido,
mi amada?
¿Dónde te puedo encontrar?
Y de nuevo en la calle.
El viento.
Las nubes.
Y otra vez,
la misma canción.
La de los imposibles.
La que insiste
en que un pez sin agua,
un ave sin alas
y una flor sin tierra
todavía se pueden soñar.
Maná...
Los fantasmas
que vienen y van.
Y miro hasta el cielo.
Y en su luna...
en su luna,
¡tú estás!
🌛
Racsonando Ando.