Si un pitillo con el café de la mañana, como concesión a uno mismo, es un chute de vicio para arrancar el día,
y un buen bocado, dulce o salado, es un empujón, una tregua ante lo que haya que afrontar en ese día,
cuando lo evidente, necesario e inevitable, es que, tarde o temprano, todos acabaremos igual;
cuando nada es del todo lo que parece ni todo lo que pensamos es verdad;
cuando, sin renunciar a los hábitos que sostienen una vida sana,
quizás lo más importante no sea vivir más años,
sino cómo se viven,
se afrontan y se disfrutan los que realmente se tienen; y, por eso...
¿Lo malo es tan malo, o un poco de chispa en la vida, en el fondo, no está tan mal?