Lancé un antojadizo susurro a la noche
cuando la incertidumbre me abrazaba el pecho.
No suprime el ruido del mundo,
pero hace que renacen luces
donde todo intentaba hundir.
Mi anhelo desborda
como biblioteca sin puertas ni candados:
estantes llenos de bondad,
versos que rozan lo sublime,
silencios que no se cansan.
Es incesante,
como marea que purifica la orilla
y fortifica la arena herida.
Es incesante,
como vos que aparecés
cuando todo quiere hundir.
Lancé ese anhelo al universo
sin mapa, sin promesas,
solo con la certeza antojadizo
de que hay algo infalible esperándome:
tu bondad,
tu voz sublime,
tu forma de hacer que renacen
hasta mis partes que suprime el olvido.
Y si la incertidumbre vuelve,
si intenta hundir de nuevo,
mi anhelo desborda bibliotecas enteras
para recordarte:
sos incesante,
me purifica,
me fortifica,
y no hay noche que suprime
lo que lancé hacia vos.