¡Momia, Momia!
Infante de una momia, mama del pecho muerto
Cuyo hiel sustentador nutre el sepulcro lleno
De anhelos trepanados en sus genes, cada uno.
Cuerpo desafectado, sólo queda parálisis.
Imposible secreto, mirada maquillada
Y a la vez vomitado hacia la cara del cielo.
De pasos vergonzosos en deseos podridos,
Ella jadea mucho más de lo que respira
Su corazón, luchando, late sólo y en silencio.
Para dejar de sufrir, no tiene más camino,
Como último argumento, que el orgullo manchado
De doblegar la noche, cualquiera sea el precio.
Ya que el miedo es su reino, de él será pues la reina,
Danzará sobre el fuego, desgarrará la vida,
Y seducirá al terror, se prendará del odio.
Engendrará el infierno como uno inmola al sable,
Iterativamente, cada cariño, uno a uno
Siendo culpable efusión al eructar dulzura.
De cruzada en pogromos, a su pacto alienada,
Jamás se desconfía, cabalgando la furia
El poder invencible del miedo es el axioma.
Su imperio extendiéndose por miles de galaxias,
Ningún soplo de vida en el confin de su sombra
Coronada de sangre, necesita reposo.
Mas apenas rozada, la linde se dilata
Enemigo sin armas pero inconmensurable,
Al menor golpe dado, pues la ternura brota.
Hasta saber al fin que la violencia misma,
Para siempre exhalará, en respuesta de un prójimo,
Inspirados en eco, amor y compasión