Un día cualquiera,
me dije: ¡Ya es hora!
y quise vivir lo no vivido.
Por mi impetuosidad
mi autoestima
terminó cayendo
por un precipicio...
Para liberar la carga
lloré, pero no por eso
me apesadumbré;
hice lo que quería.
Y sin mirar atrás
ahora voy al paso
troto, galopo,
y nada ni nadie
me quita mi brío.