Quisiera saber qué pasa por tu cabeza,
aunque no lo sepa con certeza.
Un enigma a tu torpeza,
que pensé que era una belleza.
Tantas formas de terminar,
y lo hiciste de la manera más sencilla de contar:
intentarme besar,
cuando ya sabías a quién amar.
No te odio, ni lo quise acabar;
es solo que jamás supe cómo iniciar.
Me enseñaste cómo continuar
y a valorar el momento,
solo que fue de un solo intento.
Por un momento lo sentí correcto,
vago y preciso como un juramento.
Nuestra firma fue un beso,
sabiendo que tenía un proceso.
Nuestro último encuentro fue amargo,
como un relato acabado,
sabiendo que ya ha finalizado
este contrato que se ha cerrado.