¡Heme aquí!
Que por ventura,
o desde la misma desventura,
vengo con mi díscola cordura
y todas sus unturas,
para que las claves y los declives
reactiven su mundo,
sea tunante o aderezo de proclives.
Que enmarañe versos y sus anversos,
hasta pensarse, desde ellos,
donde vagas, universo.
Sin importar a quiénes sustantive,
ni si es frugal cuando los adjetive.
Que la lisonja hilvane el hilo burdo
con el que escribo.
Que es mi ley donde me tilde
vate o hasta profeta,
mientras desfallece en lides
lo que prueba ímproba la probeta,
y el gen mutado que se busque
o se talle un mal llamado anacoreta.
Escribo porque…
palpo en versos la voz,
la metáfora, el ritmo;
porque las simples musas de mi lienzo
son brillantes sonatinas
que le ponen rimas
a la frágil existencia de mis tiestos.
Porque…
sin yelmo, mi escualida figura,
espina, su arma:
¡lo frágil de sus versos!
sin pensarse caballero de aspa y vientos.
Bebo y como.
Mastico los días
y dejo mi saliva en pócimas secretas
sobre el pan que es por bien servido,
y luego lo deposito, sin otra ceremonia,
en mi SOBRE_MESA.
Allí comparto el dulce
y el néctar de mi vida,
las migas de mis tiempos,
el polvo de mi tierra,
los dolores que aprendí a nombrar
y aquellos otros...
que todavía buscan voz.
¡Las fotos viejas!
Si después de ello
me tachan de poeta,
no los culpo,
ni me culpen.
Porque yo apenas
he venido a deambular
entre palabras,
a reconocer mis propias heridas
y las otras heridas del mundo.
¡Heme aquí, frente a mis lides!
Ya verás...
si soy poeta.
Racsonando Ando / Oscar Arley Noreña Ríos.