Luisa Arciniegas

La Selva

No tendrá la selva mi cadáver,
tampoco mi voz y mis pensamientos.
No tendrá lo único que me queda:
la esperanza de esta alma libre.


Tampoco dejaré entre sus hojas mis recuerdos,
los que me llevan a calles de mi pueblo,
esas que saben a almíbar y huelen a tabaco,
a las que añoro como un desterrado a su tierra.


No tendrá la selva mi cadáver.
Se lo prometí a la luna e hice un pacto con un árbol:
regresar, ver a mis viejos, contar mis relatos.


No tendrá la selva mi cadáver…