Le llegó la inspiración mientras cagaba en un baño público. Sacó el bolígrafo del bolsillo de su camisa. Tiró del papel higiénico y el último trozo se desprendió del rollo. Debía elegir: escribir el poema antes de olvidarlo para siempre o darle al papel higiénico su uso previsto. Aquel poema era demasiado bueno.