Años con un hilo que al fin se cortó
Quedando al otro lado un alma ligera
Que su vuelo emprendió, sin pena, sin nostalgia
Sólo una alegre soltería estrenada en la vida
En una noche copas, de risas y un rostro conocido
Las miradas cruzaron un puente invisible,
la charla fluyó de manera increíble
Los amigos se fueron, la mesa quedó vacía,
y en la complicidad de la noche, el tiempo moría.
Decidieron quedarse, alargar el momento,
sin planes, sin prisa, deteniendo el tiempo.
La noche fue de ambos, la timidez se aleja
donde el cuerpo despierta y el alma se eleva.
No hubo el fuego final que consume la piel,
pero hubo caricias que erizaban el ser.
Él, con nervios de niño y tacto sagrado,
respetó cada límite, fue delicado.
Sus manos buscaban con dulce temor,
midiendo la fuerza, midiendo el calor.
Para ella fue probar un manjar por primera vez,
una llama encendida de pies a cabeza.
El deseo le ganaba a la mente,
esos besos quemaban, intensos, urgentes.
Subía la temperatura en el cuarto cerrado,
con el sabor de lo tierno y lo apasionado.
Hubo un roce de timidez ante el fuego encendido,
pero el sabor de sus labios ya lo había vencido.
Qué delicia sentirse de nuevo buscada,
encendida, libre y deseada.