Es un tonto.
Un tonto que no me hace caso.
¿De qué sirve pensarlo tanto?
Contemplarlo. Quererlo.
¿Acaso vendrá a decirme que me quiere conocer?
No, no lo hará.
Su falta de interés me habló primero.
Así que es un tonto
y yo una boba.
Una boba por fijarme en él
y pensarlo tanto.
Arrancaré pétalos por el tonto.
Arrancaré páginas,
borraré su sombra.
Solo así podré olvidarlo.