SÉPTIMO DÍA
Dios se ha vuelto minimalista.
Trabaja con esporas, con lunares,
con el pulso de un ala bajo tierra.
No firma.
Solo siembra puntos suspensivos
en la costura del aire.
Lleva una semana sin descanso:
agranda el mapa de lo ínfimo,
en su taller sin hora
la penumbra germina.
Quizá mañana
invente una grieta,
un error leve,
y en él —por fin—
nos reconozca.
— LMML