Qué mágica es la tarde en primavera
con su sutil cadencia de colores
cuando el sol ya cansado, desespera
por irse a reposar de sus labores.
El campo ya descansa, y reposado,
bajo el manto dorado de la tarde,
dulcemente lo besa arrebolado,
la brisa vespertina en todo alarde.
Al final del sendero, y entre bruma,
la silueta de un pueblo se adivina
que la imagen poética consuma
bajo el robusto marco de una encina.
Ya se acercan las horas más oscuras
y los grillos proclaman su reinado.
Mientras tanto, del cielo en las alturas,
se extiende el negro manto recamado.
Es mágica la tarde en primavera
en la hora cuando duermen ya las flores
y el sol se oculta en roja esfera,
con la luna mostrando sus albores.