Aunque la distancia dibuje su camino
y mis ojos no puedan encontrarte,
aunque te deje volar libre hacia tu destino,
si me llamas, siempre sabré hallarte.
Aunque el mundo nos convierta en minoría,
aunque tus pasos no sigan mi dirección,
te entregaré mi fuerza día tras día,
mientras conserve un latido el corazón.
Aunque la tormenta nos encuentre derrotados,
aunque la noche parezca no tener final,
caminaré contigo, de tu mano y a tu lado,
para que nunca te alcance la soledad.
Porque somos dos ovejas negras, dos estrellas errantes,
dos almas que el destino decidió entrelazar;
dos corazones que se reconocieron al instante,
dos mitades que aprendieron a amar.
Y mientras la vida habite en mi pecho,
mientras respire y pueda sentir,
seré tu refugio, tu calma y tu techo,
la persona a la que siempre podrás volver.
Te protegeré en silencio y en la distancia,
en la alegría, en la pena y en el dolor;
porque más allá del tiempo, la suerte o las circunstancias,
vivirás para siempre en mi amor.