Apareces con tu suave aletear
encima del atardecer veraniego.
Posas cautelosa tus raquíticas patas
sobre la fina piel del alma.
Comienzas a sorber hasta el tuétano
lo más sutil de la conformidad del ser.
Secas todo vestigio
de positiva valoración.
Todo tu accionar es tibio,
no hay más antídoto
que la conciencia untada de calma.
No atacas al rico ni al poderoso,
atacas al que pudo estar quieto
porque no tiene nada.
Tu lema: “El que envidia no desea poseer,
desea que el otro pierda.
Se sonreirá en el velorio del éxito ajeno”.
Mientras más absorbes de aquel su conformidad,
más te inflamas de vacío interior.
Aleteas un sentimiento de tristeza
mientras vas deseando el mal ajeno.
Te atora y te causa náuseas
lo envolvente del empático o el feliz.
Eres presencia que no busca luz en las respuestas;
buscas heridas que supuren discursos de injusticias.
Tu zumbido entra en la cena familiar,
en la repartición de herencia,
en el cuidado del enfermo.
Nadie celebra sin mirarte de reojo.
15-06-2026
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