Viajero galáctico, bienvenido.
Has llegado al mundo azul sin nada,
quizá con un sueño olvidado.
Empezaste tu peregrinar, tan asombrado.
Te gustó vestir el atuendo mortal;
ahora anhelas llenarte de lastres,
primero de cadenas de polvo.
Después buscas gobernar tu espejismo,
luego pretendes poseer las emociones.
Te encanta la felicidad y buscas engañarte.
No dejas de anidar cualquier miseria,
como el odio, la envidia o la crítica;
un tesoro ruin que allá no tenías.
Pero has sepultado la certeza del retorno,
tal como encarnaste: sin nada, sin recuerdos.
Aligérate, sin importar la edad terrenal,
y suelta sin nostalgia lo que no es tuyo,
lo que te ha herido porque lo has buscado.
Deja de amar lo amado. Deja de buscar lo inexistente.
Deshazte de los ecos que te habitan.
Ser de la nada, inexplicable figura sin forma,
regresarás como encarnaste, bajo el mandato estelar.
Feliz ascenso al origen, sin dejar lágrima alguna.