Entre suspiros y gemidos,
entrelazados como uno mismo,
con la consciencia en neblina
y tu boca y la mía unidas.
Entre almohadas y mantas tibias,
mientras la lluvia moja la tierra
como tus labios al tomar los míos,
el cristal de la ventana empañado
y los dos empeñados
en no alejarnos, no hacernos a un lado.
Cuando llega la sensación de pertenencia
que gira alrededor de tu barba perfecta,
ahí descubro mi templanza,
el valor de amar sin una sola palabra,
y mi paz y ansiedad contemplan, absortas,
cómo es que por ti ya me volví loca.