Keiry Diaz

El canto de EzilĂ­.

Hay cierta ambigüedad entre la muchacha de vestido dominguero

y el sello inquebrantable de mi amor.

 

Hay cierta lucha entre la plenitud y el agravio que me causa perderte.

Aunque bien sabes que mis días ya casi terminan,

el pájaro abandonó su nido

y la jaula soltó a su presa.

 

Mi mente se pierde en tu belleza

mientras sumerges tu alma en la mía,

impregnando en mis labios un sabor a miel,

haciendo que mi espíritu reviva una y otra vez.

 

Yo, Ezilí,

 

quien renace del polvo; soy y no soy.

Soy el iris ahogado en el llanto de los infelices,

pero también el tálamo de los recién casados.

 

Porque es mi boca la que come de ti;

porque mis cantos son la melodía de tu rostro

y del cielo que se tornó verde,

mientras el lirio de tus cabellos cobra vida y me habla.

 

Amor mío, vine del fuego para volverme tierra,

sangre de tu sangre hecha mujer,

energía que te venera,

y corazón

que permanece a tu merced.