La rosa que me diste
mantiene su esplendor,
aunque al paso del tiempo,
palideció el color.
La guardo entre las hojas
de un libro de oración,
donde tus cartas duermen
aquí en mi habitación.
Te fuiste con las tropas,
al duro y cruel horror;
la guerra te ha llevado,
mi tierno y dulce amor.
Ya seca está la flor,
murió de tanta espera,
pero en el pecho vive
tu eterna primavera.