Catalinaa

Pared de percal

¿Habrá alguna posibilidad

de que te quiera,

cómo me quieres?

 

¿De qué me quieras,

cómo te quiero?

de que me sueñes,

cómo te sueño?

 

Entre tus abrazos cálidos,

que me cuesta tanto aceptar,

siento que tengo cinco años,

y que en lágrimas podría estallar.

 

Está bien si te sostengo,

en mis brazos te sosiego.

Y sí, he intentado ser sostenida,

pero me hace sentir,

tan pequeñita.

 

Tanto que levanto una pared

entre tú y yo,

casi tan imperceptible,

casi tan delgadita.

 

Tan finita,

y de percal,

para proteger 

mi corazón de lana,

para resguardar,

mi corazón de cristal.

 

Y es que me da susto

que descubras,

lo finita que es

mi gran pared,

aunque la haga parecer

tan evidente para mí,

tan poco perceptible,

para ti.

 

Me abro

y a veces bajo la pared,

fina y delgada pared,

y cuando me miras

tan profundamente,

quiero correr.

 

Y quiero poner ladrillos

y me pongo a pensar

tanto que me duele la cabeza,

y quiero tejer un suéter de lana.

 

Y uno de polar,

uno de hierro,

una armadura,

digna de una guerrera.

 

Tan sencilla,

tan intensa,

apagando toda linterna,

para que las polillas

no me puedan encontrar.

 

Tan grande quiero ser,

y tan grácil parecer,

tan fuerte, 

dura,

lógica, 

con mi armadura,

que miro

y solo está llena

de salpicaduras.

 

Manchas que no se lavan

ni en poliéster,

ni en ladrillo,

ni en percal,

ni en mi corazón,

de cristal.

 

Abrázame bien muchacho,

tal vez algún día,

te deje atravesar

mi imponente,

pared de percal.