Espantapájaros

Veneno de ángel

Mordiste mi carne,

siento el veneno recorrer mis venas

como migrante cruza la frontera

buscando un antídoto que no existe.

 

No tengo miedo,

No tengo miedo,

No tengo miedo.

 

Mi cuerpo se estremece,

escucho mis latidos

como señales tribales,

sentencia que arde en la noche.

 

No tengo un cuerpo,

solo esta piel rasgada en tu mordida

que mana recuerdos a borbotones,

esta respiración entrecortada

que delata mi guarida.

 

No tengo miedo,

No tengo miedo,

No tengo miedo

de la muerte que diste.

 

Mis músculos se entumecen,

ya no puedo moverme,

soy solo una mente que piensa,

un soldado caído,

un hálito que presiente la penumbra.

 

No tengo miedo,

No tengo miedo,

No tengo miedo

de este final de quietud.

 

Aun así

no puedo verte, demonio,

aun muriendo,

mis labios te presienten:

no te nombro verdugo,

en tu veneno letal

siempre serás mi ángel.