Sheilo Sanz

REVELADO SUSPIRO.

REVELADO SUSPIRO.    


Se teje soñadora la noche,
con delicados latidos...

¡ tan míos !

Impactando un revelado
suspiro,  ¡ que respira inquieto !

Desde un horizonte tan mudo.

Que no percibe la llama,
de este reflejo notable.

Que implora atención sensible,
desde tanta disyuntiva impasible.

Son esos desnudos sueños,
que la ilusión seduce.

Entre pálidos bosquejos simples,
de la misma inspiración dormida.

Que no es solo imaginación,
conjugando frases instruidas.

¡ Invencible seducción arraigada...!
en cada dulce emoción nocturna.

Incapaz de alejar,  ¡ de allí !
ese eco persistente.

Que solo apresura una inexacta sintaxis impaciente.

De fría y oscura conclusión.

Rezagada por esa particular  vaciedad detenida.

Que se revierte aún indecisa,
en contraída sinergía punzante.

Son esos desapercibidos
velos convencionales.

Enrareciendo cada pesado vestigio,
con una inducida dignidad.

Tan plasmada de feudal
resistencia compleja.

Desde esos muros adyacentes,
que retienen con rigurosa dureza.

Lo que nunca ha sido...
¡ tan de nadie !

¡ Es quizás !
Un icónico sueño expectante.

Intentando observar
con entera atención.

Toda huella sensorial.
¡ Tan dejada !

Por todo ese eludido
espacio cósmico.

Que sigue danzando
sin tregua alguna.

Desde ninguna sombra pensante.

Todavía se perfilan
densas  oscilaciones.

Sobre efímeras alucinaciones.

Que no designan tanta claridad,
de aquello que es intuido.

Desde cualquier implicado...
modo sensible.

Trazado con esa imprecisa  nostalgia profunda.

Tan repleta de palabras mudas.

Se hace más oscura,
cada idea retraída.

Por una mental opresión,
¡ tan conjunta !

En su propia piel confundida.

Tan negada de toda
aceptación inferida.

Mientras los siglos
siguen ignorando.

Cada transida gota derretida.

Desde esa renitente
actitud evasiva.

Que intensifica demasiado...
ese frágil designio,  ¡ que duele !

¡ En cada débil respiro !

Cuando no renuncia,
cada insistente latido.

Durante cada desvelado retraimiento interno.

Que va destilando las horas.

Que anulan todo argumento,
que se pierde en conjetura.

Mientras no deja de estremecer
y retorcer el vagido.

Que rompe la escasez de la  noche.

En retablos proferidos,
por cualquier algente duda.

Desde lo que se intenta no soñar,
como inevitable deseo contenido.

 

Autor.  Consuelo Sanchez.