Aunque pretendamos que hemos
olvidado el fuego que nos quemo
y que ni cenizas quedan ya.
Las marcas están ahí, enclavada
como rupestres, en la cueva de alma.
Y un día, un paseante desprevenido
la descubre y mil explicaciones busca.
No entiende y pretende entender.
¿Es entendible el dolor y la ausencia?
¿Es entendible saber por qué una llama
se apaga? ¿Por qué muere un amor?
Ningún ciclo se cierra, cada ceniza genera
un nuevo ciclo y cargamos siempre con esos
amores que una vez encendieron nuestros corazones
el alma jamás olvida, aunque se preñe de locura.