Lucas Gress

Botellas vacías y alquitrán

Una fiesta convocada

a la que no asistió nadie,

las latas de coca-cola

vacía, acumulándose;

unas paredes arañadas

de alquitrán,

una habitación sin huésped,

una luna que ilumina

el sinsabor de su silencio.

 

La música suena distante

en el estéreo viejo

que poco a poco emula

la habitación que nadie habita.

 

Sumido en el silencio

nada te pesa

más que el espejo

demostrando años de sospecha

de una enfermedad que lo consume a uno

sin muerte anunciada

más es como una larva

que lentamente consume tu energía.

 

Los mensajes a cuadros lentos

disparan la memoria

y la consumen con sus ironías

sus frases largas leídas a medias

y la misma respuesta

de despedida.

 

Poco a poco todo aquello te abraza, 

y menos necesitado estás de las sombras,

ni de las fiestas convocadas

que se vuelven disparates,

y el alcohol y el alquitrán

te empachan

como un suero que porovoca el vómito.

 

Ahora, distante,

alejado del recuerdo,

caminas hacia un quién sabe dónde,

contemplando la suavidad

de un lugar desconocido, 

que no huela a tu soledad:

colillas, botellas vacías y diazepam;

cauterizando la herida

para habitar la soledad

con nuevas manías.