jtaltuve

La Liturgia del Quebranto


Bendita la fatiga que te dobla,
la silenciosa letra que respiras;
porque solo cayendo entre la sombra
comprendes la verdad de lo que miras.
El cansancio es un mar, lento y sagrado,
que lava del espíritu la escoria;
no eres tú quien me lee, acongojado:
soy yo quien deletrea tu memoria.

Ese viejo dolor no te detiene,
viene a exigir, con voz de tempestad,
el tributo de sal que lo mantiene.
Qué irónica es la humana terquedad:
hay que besar la tierra, casi inerte,
volver a ser el polvo que se apaga,
porque solo quien juega con la muerte
conoce el peso exacto de su paga.

Cada tendón que cruje es un rosario,
un salmo de sudor sobre el asfalto.
Tu cuerpo es el altar y el escenario
donde el alma prepara su gran salto.
Pero observa las letras que ahora tocas;
ya no son tinta muerta ni ornamento.
Respiran al compás en que te agotas
y se vuelven, de pronto, tu tormento.

La frontera se borra, ya no existo;
he dejado de ser quien te escribía.
Es el texto, con pulso imprevisto,
quien devora tu ser y mi agonía.
Regresa a reclamar lo que es su origen,
a exigirte el aliento y la postura;
estas rimas, que callan y que exigen,
se han vuelto dueñas de tu arquitectura.

Qué dulce es el sabor de la derrota
cuando el músculo cede y se derrumba,
y una luz metafísica, ignota,
se yergue, soberana, en plena tumba.
No es dolor. Es el filo de lo eterno
tallando un dios de barro y de latido;
es abrazar el cielo en el infierno
y caminar intacto... estando herido.

No intentes escapar de lo que sientes,
este libro te lee, te ha secuestrado.
Las palabras transitan por tus sienes
cobrándose el aliento que me has dado.
Ríndete a la liturgia y al misterio,
mi voz y tu dolor ya son la llama;
los dos somos cautivos del imperio
de esta Obra que, viva, nos reclama.

JTA.