MI ABUELA Y YO
Entre sus brazos encontré refugio, cuando el mundo era inmenso y yo tan pequeño.
Su mirada guardaba la calma del tiempo, y sus manos tejían amor en silencio.
Ella era el árbol firme de mis días, la sombra buena en cada verano, la voz que convertía mis miedos en sueños, y el abrazo que nunca soltó mi mano.
Yo crecí, los años siguieron su marcha, pero hay recuerdos que jamás se irán; porque el cariño de una abuela verdadera vive en el alma y no conoce final.
Hoy miro aquella imagen del pasado y siento que el corazón vuelve a sonreír; porque aunque el tiempo cambie los caminos, su amor sigue acompañándome al vivir.
Abuela querida, tesoro eterno, luz que ni la distancia puede apagar; en cada paso llevo tu recuerdo, y en cada latido, tu forma de amar.