En la mayoría de los casos hasta los más conscientes y responsables lo ignoran, lo desconoce y actúan creyendo lo contrario y sólo el tiempo es el que mira y revisa los hechos y las circunstancias para hacer como una especie de examen y dejar públicamente una nota, una puntuación pública sobre una actitud y que pudo ser, según cómo y en qué casos, acertada o equivocada. Hay veces en que lo mejor es guardar silencio, no decir nada o no escribir nada. Son esos los tiempos de guardar, almacenar en la memoria y callar como lo hizo la poetisa madrileña de adopción Angélica Gatell – que tardó 38 años en volver a escribir -. Son muchos los poetas, escritores, historiadores, simples escribidores honestos que que han sabido y saben cosas de las que no hablan, son esta gente los que no han hablado ni escrito durante años; todo les ha quedado guardado en la memoria, retenido…
En una mañana de 1974 y en un barrio de Madrid (esto lo supe treinta años después) la policía del franquismo entró en la casa de Angélica y detuvo a uno de sus hijos, en realidad no vinieron a buscarlo a él exclusivamente pero en estos casos siempre suelen actuar así: Fueron siempre – y lo siguen siendo aunque a veces a escondidas – viejas costumbres o vicios no nunca erradicadas del todo hoy tantos años después. De su biblioteca se sacó y se requisó toda la correspondencia de muchos de sus amigos, Rafael Alberti, Pablo Neruda, José Hierro, Blas Otero, Antonio García Ysábar (poeta canario al que llegué a conocer a mediados de los noventa del siglo XX en Canarias) y algunos otros; otras obras las tiraron por los suelos, las sembraron por la casa, algunas obras se las llevaron como una de Pablo Neruda como para insinuar que sabían qué hacían pero no repararon en el hecho de que una carta de este poeta estaba enmarcada y colgada en la pared: ¡¡Ignorancia!!.
Años después me enteré, leyendo una revista literaria canaria, que esta mujer tantos años después y a sus 86 años ha vuelto a escribir y no lo ha hecho por rabia ni por frustración así como tampoco por venganza ni despecho, no. Lo ha hecho por compromiso, por querer ayudar a una sociedad que ya embrutecida hasta el hartazgo ha cedido a sus verdugos y se dirige irremediablemente hacia su propio matadero de la indiferencia total…